ASFALTO, CÉSPED O ARENA

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Correr es una actividad denominada de alto impacto, ya que es la suma de pequeños saltos que van produciendo stress y micro-traumatismos sobre nuestras articulaciones. Debido a este factor, debemos tomar precauciones para que la actividad no entrañe peligro para nuestro cuerpo. Un factor principal para evitar este tipo de lesiones es el calzado pero no menos importante es la superficie donde desarrollamos nuestros ejercicios:


Superficies duras

Entre estás nos encontramos el asfalto, cemento o el parquet. Son superficies duras pero estables, lo que evitaría lesiones como esguinces o torceduras por apoyar el pie de una manera irregular. Lo malo de estas superficies es que producen un mayor rebote que otras y menos amortiguación, aumentando las posibilidades de lesión y de sufrir posibles tendinitis, (inflamación de los tendones), periostitis (inflamación del periostio, membrana que recubre los huesos), Fascitis plantar o lesiones articulares.

Superficies blandas

Las ventajas de correr sobre el césped, la tierra batida o la arena son las opuestas, menores micro-traumatismos, mayor amortiguación, menor rebote pero también encontramos desventajas donde debemos poner atención.
Entre otras, la fatiga muscular que producen este tipo de terrenos y que al ser un terreno blando o irregular hay que tener muy en cuenta la irregularidad del mismo, los posibles agujeros, si está resbaladizo y las ramas, raíces o piedras que pueden desestabilizarnos y provocarnos una lesión. Lo más importante es que el propio corredor se adapte al tipo de terreno, que variará también en función de los objetivos que queramos lograr. Por ejemplo, para realizar un ejercicio de relajamiento, descarga o regenerador es aconsejable utilizar una superficie más blanda. Mientras que si queremos trabajar la velocidad, la superficie será lisa y dura.

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